Entrevista completa a David Muñoz

Posted on 20 diciembre, 2010 por

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Usted empezó estudiando Bellas Artes, ¿cuándo y qué le llevó a decantarse por el mundo del guión?

Ya en Bellas Artes escribía guiones de cómic para compañeros de la facultad. Yo también ilustraba mis propios guiones, pero tras acabar la carrera poco a poco fui dejando de dibujar y centrándome más en la escritura. Dejé de dibujar porque lo que hacía como dibujante no me convencía. En un momento dado me pareció que nunca podría ser el dibujante que quería acabar siendo y preferí abandonar a seguir insistiendo.  Ahora, viendo lo que hacía entonces, me parece que fui demasiado duro conmigo mismo y que con un poco más de tiempo y de trabajo podría haber llegado a hacer algo interesante. De hecho, por aquel entonces gané varios concursos de cómic, pero eso no sirvió para animarme. Yo era mi crítico más duro. En realidad, aunque creí que tenía que elegir por narices entre una y otra cosa, podía haber sido escribiendo y dibujando.

¿Cuánto tiempo lleva dedicándose a ello?

Tomándomelo tan en serio como si viviera de ello, llevo más o menos desde 1998; y realmente viviendo de ello (o, durante años, malviviendo), desde hace diez años, una vez Antonio Trashorras y yo le vendimos a Guillermo del Toro “La bomba”, el tratamiento de guión que acabaría convirtiéndose en el guión de “El espinazo del diablo”.

¿Se ha arrepentido alguna vez de su decisión?

Hombre, como supongo le pasa a todo el mundo, cuando las cosas me han ido mal me he planteado si no hubiera hecho mejor preparándome una oposición a profesor de dibujo de instituto con mi título de Bellas Artes. Pero en general me alegro de haber intentado ganarme la vida siendo guionista. No me ha ido maravillosamente bien, no me he forrado ni he ganado Goyas, pero tampoco me ha ido mal. He conseguido que se hicieran cinco películas basadas en mis historias y vivir de ello, así que creo que no me puedo quejar.

¿Qué genero/s prefiere a la hora de escribir un guión? ¿Por qué?

Pues eso varía depende del momento en el que me encuentre.  Últimamente lo que más me interesa es escribir dramas de género fantástico.  El porqué no lo tengo muy claro. Supongo que porque me permite abordar los temas de siempre de una manera diferente. En el fondo, la última película que he escrito, “La posesión de Emma Evans”, no deja de ser un drama familiar más sobre una familia en descomposición. Pero el hecho de que haya una posesión satánica de por medio lo cambia todo. Además, es un género que permite (dentro de la modestia presupuestaria del cine español), crear imágenes muy poderosas. Cosa que a mí, quizá porque vengo del mundo del cómic, siempre me ha atraído mucho.  “El espinazo del diablo” por Ej., nació de un dibujo que hice un día de un niño de pie junto a una bomba enorme. La historia surgió cuando Antonio y yo empezamos a preguntarnos quién era ese niño y de dónde había salido esa bomba gigante.

¿Cuál es el sueño de un guionista?

Al menos el mío es escribir para un director que realmente entienda la película que estás escribiendo y no intente transformarla en algo que no debe ser. Y que si es posible, lo mejore al transformarlo en imágenes. Afortunadamente, es algo que me ha ocurrido varias veces. La última, con “La posesión de Emma Evans”, que ha dirigido Manu Carballo.

¿Y cuál el mayor miedo?

Pues que ocurra justo lo contrario.

¿Qué habilidades se requieren para ser guionista de cine?

Pues aparte de lo obvio, que es dominar el oficio de guionista, cada día tengo más claro que casi lo más importante no es el talento sino el temperamento. Si eres un guionista de cine, eso quiere decir que eres un guionista “freelance”. O sea, que trabajas en casa. Y no todo el mundo está hecho para pasarse el día delante de su ordenador escribiendo historias que en su mayor parte probablemente nunca llegarán a ninguna parte. Cuando termina una novela, al menos un escritor tiene algo que en caso de interesar a un editor puede publicar directamente, pero un guionista lo que tiene no es una obra final, sino un “mapa” de una película, básicamente una declaración de intenciones que por si sola no vale nada excepto para otros guionistas o para los muy cinéfilos. Muchas veces terminar de escribir no es el final del trabajo, sino el principio. Hay que ser bastante flexible y, si no quieres acabar con una úlcera, aceptar que hasta el día del estreno el guión es solo un borrador que es modificado continuamente.

¿Qué diferencias fundamentales existen entre escribir un   guión para cine y escribir un guión para una serie?

No es lo mismo escribir una historia que debe contarse en 90 o 100 minutos (que más o menos suele ser la duración estándar de una película española) que una que debe seriarse en un número indefinido de capítulos. En cine, lo más importante es que el personaje tenga lo que los guionistas llamamos “un arco dramático”. O sea, que cambie, que no sea el mismo en la página 90 que en la 1. El cambio puede ser pequeño o grande. No importa. La cuestión es que se dé. Sin embargo, en la mayor parte de las series de televisión, de lo que se trata es de que pasen muchas cosas sin que realmente cambie nada. En el capítulo siguiente, el personaje protagonista debe ser el mismo, ya que son su personalidad y sus conflictos los que en el fondo enganchan al espectador. No las tramas. Cuando por Ej. en series en las que juega un papel muy importante una trama romántica de esas que están siempre a punto de consumarse pero no lo hacen nunca, se decide que el prota y su interés sentimental se enrollen, el espectador pierde interés en lo que está pasando, siente que en cierta manera ya le han contado lo que querían contarle, que la serie se ha acabado.

¿Puede comentarnos algún proyecto en el que esté trabajando o tenga previsiones de hacerlo?

En este momento ando con varias cosas entre manos: una nueva película para Gonzalo Tapia (el director de “Lena”, la segunda película que escribí junto a Antonio Trashorras); un proyecto que acabo de arrancar esta misma semana con el director Koldo Serra, y la adaptación al cine de un cómic que publiqué el año pasado llamado “Sordo”, que si todo va bien dirigirá David Alcalde.

¿Podría explicar el proceso y la experiencia que fue escribir el guión para “El Espinazo del diablo”? ¿Cómo se compara a los otros proyectos cinematográficos en los que ha trabajado?

“La bomba”, el tratamiento de guión de cine que acabó convirtiéndose en “El  espinazo del diablo”, fue uno de los primeros proyectos que escribí con Antonio. Creo recordar que lo terminamos para presentarlo a una de las subvenciones que da el Ministerio de Cultura y que no nos dieron nada. Meses después, surgió la oportunidad de que lo leyera Guillermo del Toro, y no sé si medio año más tarde o algo antes, Guillermo nos llamó para decirnos que estaba interesado en comprarlo para escribir un guión a partir de él. El proceso de desarrollo del guión fue muy largo y complicado, y muchas veces pareció que la película no iba a rodarse nunca (de hecho, yo me enteré de que se iba a hacer gracias a la página web Ain´t It Cool News). También fue un poco extraño, porque trabajamos con Guillermo vía e-mail y por teléfono debido a una complicada serie de circunstancias que conspiraron para complicarle muchísimo la vida a Guillermo y provocaron que no pudiéramos viajar a Méjico para reunirnos allí con él. Recuerdo que por entonces yo, que no tenía ninguna experiencia previa como guionista de cine, me quejaba mucho de los cambios que quería hacer Guillermo en “nuestra” historia. Pero ahora, sabiendo lo que sé sobre cómo funciona esto, me doy cuenta de que fuimos unos privilegiados al conseguir que nuestro primer guión lo rodara un director de ese calibre. Un director que además es un excelente guionista y que por entonces sabía mucho más que nosotros sobre cómo contar bien una historia. Además, Guillermo siempre nos trató con una amabilidad que, con lo verdes que estábamos por entonces, muchas veces no nos merecíamos. Lo malo es que trabajar en “El espinazo…” me creo unas expectativas bastante equivocadas de lo que iba a ser mi carrera a partir de entonces. Antes he dicho que el proceso que llevó al rodaje de la película fue largo y complicado. Pero en realidad fue muchísimo más rápido y sencillo que casi todos los que vinieron después. Pero claro, al ser nuestro primer largo, cada día que pasaba entre uno y otro de los pasos que se daban se me hacía eterno.

Para escribir el guión de Quart se basó usted en los personajes de Arturo Pérez Reverte en su obra “La piel del tambor”, ¿es más fácil escribir un guión a partir de personajes predeterminados o hacerlo en torno a personajes y situaciones originales? ¿Qué prefiere usted?

En principio prefiero las historias originales. Las novelas y los guiones de cine son muy diferentes desde el punto de vista de la construcción dramática. El cine siempre es acción (los personajes hacen cosas), mientras que la literatura puede ser reflexión (los personajes piensan cosas) y aún así resultar interesante.  Hay muchas novelas que parece que tienen potencial cinematográfico hasta que las analizas pensando en los requisitos necesarios para poder escribir un guión a partir de ellas y te das cuenta de que durante 150 páginas lo que has hecho es ser partícipe de los pensamientos del protagonista mientras éste desayunaba, caminaba hacia su trabajo, iba de bares, etc. Pasa hasta con novelas que supuestamente son de aventuras. Una cosa muy habitual que nos ocurre a los guionistas es que nos llame un productor para adaptar una novela y que pretenda pagarnos menos porque partimos de un material ajeno. Cuando debería ocurrir justo lo contrario. Tendríamos que cobrar más. Porque muchas veces, el productor cree que la novela puede ser transformada fácilmente en una película y luego no es así. Y lograr convertirla en un guión suele requerir un trabajo de “fontanería” mucho más laborioso que el que requiere una historia original. De todos modos, el caso de “Quart” fue muy distinto, ya que de lo que se trató fue de contar nuevas historias con los personajes de la novela de Arturo Pérez Reverte “La piel del tambor”, y no de adaptar la novela en si. Cuando arranca la serie se supone que los hechos de la novela han ocurrido hace ya varios años. De hecho, creo que ese fue uno de los problemas que tuvimos. Muchos espectadores se sintieron un tanto descolocados al creer que había una historia previa al capítulo 1 que no les habíamos contado. Pero en realidad, no hacía falta haber leído la novela para poder disfrutar con la serie.  Si yo hubiera sido Antena 3 (la cadena que emitió “Quart”), habría ocultado que estaba basada en la novela. Habría dicho simplemente, “basada en personajes de Arturo Pérez Reverte”.

Si se presentara la oportunidad de relanzar dicha serie, ¿lo haría?

La verdad es que nunca he pensado en ello, porque según funciona el mercado televisivo es imposible que ocurra.  Sería la primera vez que una serie que no tuvo éxito se retoma años después de haber sido cancelada. Pero suponiendo que existiera la posibilidad, lo haría encantado. Creo que el equipo de guionistas de la serie creamos unos personajes con mucho potencial y todavía nos quedaban muchas historias que contar con ellos. Fue frustrante tener que abandonarlos a su suerte después de tan pocos capítulos. El arranque de la serie quizá no fue el más adecuado para enganchar al público, pero poco a poco creo que fue mejorando mucho, y más que habría mejorado si nos hubieran dado la oportunidad de seguir adelante con ella.

¿Cómo describiría el trabajar en programas de comedia, como La Hora Chanante y Noche sin tregua? ¿Cómo se compara a escribir guiones de cine o series?

No tiene nada que ver. En Noche sin tregua como guionista mi labor era escribir entrevistas. Luego, me nombraron director del programa y mi labor pasó a ser más bien la de un “guardia de tráfico”, gestionando y coordinando la creatividad del resto del equipo, supervisando el montaje de los programas, etc. En “La hora Chanante”, fui guionista y realizador. Pero creo que nunca he sido un buen guionista de sketches. Las mini historias divertidas de cinco minutos no son lo mío. Aunque creo que más o menos lo que escribía funcionaba,  no es algo con lo que me haya sentido nunca demasiado cómodo. Y sobre todo nunca fui un verdadero “Chanante”. Mi sentido del humor y mis referencias son otras. Aprendí mucho durante mi etapa en “Chanante” (sobre todo de Joaquín Reyes, que además de tener mucho talento, es uno de los tipos más listos y más cabales que he conocido en este negocio), y me dio la oportunidad de pasar grandes momentos con cómicos estupendos como Carlos Areces, Raúl Cimas, Julián López o Ernesto Sevilla, pero siempre supe que en realidad aquel no era mi sitio. A mí en realidad lo que más feliz me hace es escribir dramones.

Además de guiones, también escribe usted cómics y libros. ¿Lo hace como hobby, como “trabajo a tiempo parcial” o con aspiraciones de futuro?

¡Aspiraciones de presente, diría yo! Escribo cómics porque amo los cómics y disfruto mucho escribiéndoles. Es cierto que económicamente puede que no salga a cuento (y en ese sentido sí que puede que tenga algo de hobby) sobre todo si comparas lo que se gana escribiendo historietas con lo que puede ganarse en el cine o la televisión, pero eso no quiere decir que no me compense de muchas otras maneras. El cómic es el medio en el que tienes mayor libertad para contar lo que quieres de la manera que quieres. Y eso no tiene precio. Quizá los guiones de los que me siento más orgulloso (de entre los que se han hecho, quiero decir) han visto la luz en forma de cómic. Y libros hace muchísimo que no escribo ninguno. Y por si alguien entiende que es así, me gustaría que quedara claro que no eran novelas, sino biografías de grupos de rock, libros de cine, etc. O sea, encargos que escribí en una época en la que también me ganaba la vida como periodista.  A  veces he pensado en escribir una novela, pero luego nunca me he animado a hacerlo. Lo que sí que puede que escriba pronto es un manual sobre escritura de guiones. Pero depende del tiempo que tenga el año que viene.

Ha trabajado a menudo con Antonio Trashorras, notablemente en El Espinazo del Diablo y en algunas de sus monografías, ¿Cómo comenzó esta relación? ¿Qué influencia ha tenido en su profesión y su trabajo?

Puede que conocer a Antonio haya sido lo más importante que me ha ocurrido como guionista. No sé si ninguno de los dos habríamos llegado a tener una carrera como guionista si no nos hubiéramos conocido. Creo que nos conocimos porque los dos escribíamos artículos en una revista sobre cómic que se llamaba Urich. Al poco tiempo acabamos haciendo un programa de radio juntos en la emisora libre Onda Verde en el que hablábamos de cómic, cine y televisión. Un día, empezamos a hablar de a qué nos apetecería dedicarnos en el futuro y descubrimos que los dos queríamos ser guionistas.  Decidimos unir fuerzas para escribir un tratamiento, vimos que nos entendíamos y estuvimos un montón de años trabajando juntos. Creo que haber unido fuerzas fue lo que nos animó a seguir adelante y a no tirar la toalla en los momentos más complicados. Cuando uno estaba cansado, el otro siempre tiraba del carro. Hace unos años dejamos de trabajar juntos, pero no descarto que volvamos a hacerlo alguna vez en el futuro. Nuestra relación sigue siendo bastante buena. Básicamente dejamos de colaborar porque nos apetecía hacer cosas distintas y también hacerlas de forma diferente. Antonio está más centrado en la producción y en arrancar su carrera como director que en el guión, mientras que yo sigo sintiéndome ante todo guionista.

¿Cómo ve el panorama para cine español, en pasado y en futuro?

El momento actual es complicado.  Hay mucha incertidumbre. A mí lo que más me afecta como guionista es que cada día resulta más difícil que se produzcan historias de un presupuesto mediano (más o menos dos millones de euros); ahora mismo o eres un director con nombre tipo Alex de la Iglesia o Amenábar y puedes conseguir presupuestos holgados, o tienes que resignarte a escribir historias que puedan ser rodadas con alrededor de un millón de euros. Eso no impide escribir cosas interesantes, pero no todas las películas pueden ser “Buried” o “REC”. Que las dos sean cojonudas no quiere decir que deban convertirse en el modelo a seguir.  Respecto al futuro, no tengo ni idea de lo que puede llegar a pasar. Pero entre la crisis económica, la crisis del modelo audiovisual que hemos conocido durante los últimos años debido a la explosión de Internet, etc. creo que vamos a vivir unos años bastante complicados en los que va a ser más difícil que nunca conseguir rodar una película.  Por lo menos el tipo de películas que suelo escribir yo.

¿Qué ventajas y desventajas cree que tiene el cine español con respecto al cine internacional?

Al cine español lo que le falta es dinero y productores capaces de montar sus películas sin tener que pasar por el filtro de las cadenas de televisión. Talento hay más que de sobra. De hecho, el “drama” (por llamarlo de alguna manera) del cine español durante los próximos años va a ser que todos los nuevos directores interesantes que destaquen con una primera o una segunda película interesante y atípica, van a acabar trabajando para la industria americana haciendo productos que estarán mejor o peor pero nunca les permitirán desarrollar su verdadero potencial creativo. Y eso ya está pasando. Ahí están los casos recientes de Rodrigo Cortes o Gonzalo López-Gallego. Yo, como amigo de alguno de esos directores que han dado el salto a Hollywood o están a punto de hacerlo, me alegro de que esté ocurriendo, pero como espectador no tengo tan claro que sea un motivo de alegría.

¿Qué es, en su opinión, lo mejor y lo peor del cine español?

El cine español, como todos los cines, no es un solo cine en realidad, es muchos cines. Y como con todos las cinematografías, pues tiene cosas que me gustan y otras que no.  Ahora mismo creo que estamos en un buen momento. En los últimos años se han rodado cosas como “REC”, “Camino”, o “Celda 211”, que a mí me parecen peliculones, y no tienen nada que ver con la idea estereotipada que se suele tener del cine español (idea en absoluto real difundida interesadamente por ciertos medios; por Ej. venga a decir que el cine español es “guerracivilista” cuando la realidad es que casi no se estrenan películas relacionadas con la Guerra Civil. Tampoco es que tuviera nada malo que fuera así, pero ha acabado siendo una mentira interesada que se toma como verdad de forma sistemática). El mayor obstáculo para que se rueden cosas más interesantes no es el talento, sino la forma en la que se financian las películas.  De eso es de lo que habría que hablar más. Pero me temo que eso escapa a las competencias de los que no tenemos ningún tipo de responsabilidad política o empresarial.

Por último: ¿guiÓn o guiOn?

Guión… aunque juro que estoy intentando escribir guion, pero me cuesta, me cuesta… ¡y encima el corrector del Word me lo señala en rojo cada vez que lo escribo sin acento!

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