¿Es el cine testimonio de la historia?

Posted on 3 febrero, 2011 por

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Si le preguntamos a José María Caparrós Lera, profesor de la Universidad de Barcelona, Doctor en filosofía y letras y Titular de Historia Contemporánea y Cine, la respuesta será: “Por supuesto, pues las películas reflejan las mentalidades contemporáneas y son un retrato de la sociedad del tiempo en que han sido realizadas”.

José María Caparrós Lera

Hablamos pues de mentalidades y retratos, de fotogramas que expresan y testifican por la historia de un país al que la gran pantalla llegó en 1896 – un año después de la proyección de los hermanos Lumiere, la primera de la historia.

El cine en España es un documento histórico que representa más de un siglo de su historia, sociedad y cultura – desde las humildes proyecciones del cine mudo hasta las grandes producciones que pasan por la actual alfombra roja. Hemos tenido tanta historia como cine y tantas películas como testimonios que contar.

Nos remontamos a 1896, año en el que no sólo se proyectaron las primeras exhibiciones cinematográficas, sino que también se rodó la primera película española (Salida de la misa de doce de la Iglesia del Pilar de Zaragoza). Es desde este año hasta 1914 que España ve florecer su industria cinematográfica, ampliamente basada en Barcelona y Madrid y donde empiezan a destacar las adaptaciones de obras teatrales y zarzuelas.

No obstante, en 1931, el cine español sufre un traspié causado por la llegada de las producciones sonoras extranjeras. Puestos a no sufrir el descalabro, Manuel Casanova funda la Compañía Industrial Film Española (CIFESA) – la que será la productora más importante del país. Ese año se ruedan 6 películas y para 1934 se habían rodado 21 películas, incluyendo el éxito “La verbena de la Paloma”.

“Como defendí en mi tesis doctoral en 1980, el cine de la Segunda República española constituyó la época dorada del cine español. Porque conectó con la gente del período y reflejó bastante bien la problemática de los años treinta. Además, coincidió con el principio de cine sonoro y fue el nacimiento de la industria (luego, prácticamente frustrada) en nuestro país,” comenta José María Caparrós. Y es que por mucho que digan algunos, la cinematografía de la Segunda República prometía muchos más éxitos de no haberse abortado esta evolución al comenzar de la Guerra Civil.

Como en todos los conflictos, durante la Guerra Civil española el cine se utilizó como una herramienta de propaganda y una vez dentro del nuevo régimen, se añade a la propaganda la que será la lacra que retrase al cine hasta los años de la democracia: la censura.

Se censuraron las películas con destape o con temas no afines al régimen y se impuso la obligatoriedad de traducir al castellano todas las producciones extranjeras. El cine español se convirtió en una forma de legitimar un régimen que se había instaurado a la fuerza y había que demostrar, de algún modo, que no había muerto lo que empezó en la Segunda República.

“El cine de la Segunda República española constituyó la época dorada del cine español”

En su propia forma de evolución, el cine español pasó por varias etapas: “El largo túnel de la Dictadura franquista tuvo varias etapas: la autarquía, donde se realizó un cine de propaganda y exaltación nacional; los años 50, que tuvo lugar un giro social a través de las películas de los maestros Berlanga y Bardem; la década de los sesenta, cuando nació un movimiento renovador llamado Nuevo Cine español –aunque promovido desde el Gobierno de la España del Desarrollo–, si bien de alcance más costumbrista que político. Y se cerró con la crisis del los últimos años del sistema, con el fenómeno del “destape” y la denominada tercera vía, junto al cine crítico de algunos autores (Carlos Saura, Víctor Erice, Jaime de Armiñán)”

Añade Caparrós que pese a que durante estos años se perdió la frescura y la popularidad del período anterior, también se ganó, en algunos casos, en reconocimiento internacional, con premios en festivales más allá de las fronteras españolas.

Y bien es cierto, ya que, irónicamente, es durante el franquismo que surgen algunas de las iniciativas más notables – y perdurables – del cine español: en 1953 nace el Festival de Cine de San Sebastián y en 1956 tiene lugar la primera Semana Internacional de Cine de Madrid. Seis años más tarde, en 1962, José Mª García Escudero ocupa de nuevo la dirección general de Cine, desde donde impulsa la Escuela Oficial de Cine – centro del que saldrán varios directores de renombre e inclinaciones izquierdistas.

En relación a esto, José María Caparrós afirma que estas iniciativas vinieron del ánimo de abrirse al exterior y, también, de la denominada “izquierda del franquismo”, que estaría representada en la cinematografía por el referido García Escudero, un general y jurista del Ejército, que intentaría “democratizar” el cine español de la Dictadura.

“En los primeros años se realizó un cine revanchista, sin matices, para pasar a un cine del desencanto en la primera etapa socialista”

“Este entendido fue llamado por segunda vez a colaborar desde la Dirección General, y se le considera el “padre” de la nueva ola española –el antes mencionado Nuevo Cine español de los 60–, también impulsando a la Escuela Oficial de Cinematografía (EOC), de Madrid, de donde salieron bastantes directores opositores al franquismo. Ese llamado “despotismo ilustrado” sería clave para dar una imagen de apertura de cara al extranjero, ya que asimismo estableció unas normas de censura más abiertas que las arbitrarias de los años anteriores.”

Con dicho despotismo ilustrado se llegó a la democracia y con ella a la supresión de la censura. Fue a partir de este momento cuando el cine español aceleró su proceso evolutivo, aunque quizá no siempre en la mejor dirección.

“En los primeros años se realizó un cine revanchista, sin matices, para pasar a un cine del desencanto en la primera etapa socialista,” dice Caparrós sobre un cine que hasta ahora, con el creciente fenómeno del cine español, no ha sabido bien cómo conectar con las preocupaciones de los españoles.

Con la democracia se abandona el cine al servicio del sistema y se empiezan a ver películas de diversas lenguas, más variadas y ricas en matices. Se empiezan a conocer nuevos artistas y directores, se hacen colaboraciones extranjeras y, por supuesto, se comienza a recibir premios y galardones bien merecidos por el cine nacional.

De hecho, en el presente, España es el país no-estadounidense que más galardones ha obtenido desde 1978. Una buena señal para el cine español que, sin embargo, y según José Caparrós, no consigue despegar.

“Aquí hay menos dinero y, acaso, talento. Y la posición que ocupamos en el mundo –pese al prestigio de España– es pobre, ya que estamos “colonizados” por el cine norteamericano,” afirma el historiador.

No ayuda a esta empresa la extendida concepción social de que el cine español es siempre “guerra-civilista” o de “humor barato” – un concepto en el que Caparrós se pone de acuerdo con el público.

“Se ha abusado en estos años de democracia del tema de la Guerra Civil española –una herida todavía sin curar– y de la comedia barata. El espectador quiere que se le hable de temas con enjundia, y no de un trauma del pasado, ni de las frivolidades de cierta vida cotidiana. Los cineastas tendrían que apuntar más alto, y no tratar al público –como hace la Televisión– como subnormal,” sentencia, firme.

No es, quizá, lo mejor que ha dejado la historia española en el cine actual, lo cual no resta, de ninguna forma, el legado que dejaron las películas creadas en aquel tiempo. Como dice el historiador, resultan más interesantes, como fuente histórica, las películas producidas en el período que reconstruyen –rodadas en su tiempo– que las actuales. “Por la sencilla razón de que las primeras no tenían intención de “hacer Historia”, y con el tiempo son fuentes de gran valor sociológico y antropológico; mientras que las de reconstitución están mediatizadas por la visión de la época en que han sido realizadas, y muchas veces son poco o menos rigurosas.”

Con todo, el cine español tiene un porvenir difícil, lleno de retos y de la necesidad de renovarse, de encontrar mejores fuentes de financiación y de competir en un mercado dominado por los Estados Unidos.

Cuestionado sobre el futuro del cine nacional, José María Caparrós hace una reflexión poco optimista pero esperanzadora:

“Este año ha bajado mucho la taquilla. Y el que viene, subirá enteros por el Torrente 4 en 3D. Ahora bien, hay firmas de categoría y un público joven e intelectual que le respalda y aún confía en él. Además, para eso estamos los historiadores del cine español de nuestros amores (y dolores). ¡Y vosotros, los buenos aficionados!”

Habrá que sentarse en la butaca y esperar a ver.

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Reportaje sobre el tandem Bardem-Franco emitido en el NO-DO, 1956.

Cinta rodada en 1931 que recoge la acogida multitudinaria que el pueblo de Madrid brindó a Niceto Alcalá-Zamora el día en que tomó posesión como presidente de la II República.

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