El Oscar tras las bambalinas

Posted on 3 marzo, 2011 por

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La alfombra roja, las luces, la acción, los flashes, la expectación, las quinielas y el oro… el prestigio implícito en ser nominado o premiado con un Oscar es indudable. Capaces de acaparar la atención de medio mundo, los premios de la Academia representan un baluarte del buen cine para unos, un interés económico para otros y un auténtico hito en la historia cinematográfica de un país como España.

El Oscar entre cortinas

El 30 de Abril de 1930 el hotel Ambassador de Los Ángeles era testigo de cómo “La Melodía de Broadway” se convertía en la primera producción en llevarse el primero Oscar a la mejor película.

Eran los comienzos de un festival que, por aquel entonces, tan sólo repartía siete premios entre menos de quince películas. Quince, y todas ellas en inglés, ya que no fue hasta 1956 – 27 años más tarde – que se introdujo el premio a la mejor película de habla no inglesa.

Mientras duró la espera, la primera nominación española llegó de la mano de un artista catalán – Juan Antonio Clavé, pintor, escultor y artista gráfico que fue nominado a la mejor dirección artística y vestuario por “El fabuloso Anderson”. Dicho premio no cuajó, al ser “arrebatado” por el “Moulin Rouge” de John Huston, pero permitió que España pusiese el pie en el primer peldaño hacia un reconocimiento internacional.

Un peldaño que, por otra parte, llegó con 23 años de retraso. El por qué, lo explica Juan Rodríguez Millán:

“Por un lado, es obvio que en el cine el franquismo hizo mucho daño. Si no había una industria del cine en España, era algo inverosímil que alcanzáramos Hollywood. Por otro, es evidente que cuando una película llama la atención por algún motivo, acaba llegando a quienes de verdad saben hacer negocio con el cine. El espectador busca una buena película, pero el productor y el distribuidor necesita que sea rentable, incluso por encima de que sea buena.”

Juan Rodríguez, periodista y cinéfilo por amor y profesión, destaca que no fue hasta los años 60-70 cuando el cine español empezó a ser algo que mereciera ese nombre y reconocimiento debido, en gran parte, al esfuerzo de Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga o un Luis Buñuel que tuvo que buscarse la vida en el extranjero, entre otros.

“El primer galardón para España ni siquiera fue por una producción cinematográfica, sino por una invención técnico-científica: el Dynalens”

Con estos nombres llegaron las dos primeras nominaciones a mejor película: en 1958, “La Venganza” de Juan Antonio Bardem y en 1961, “Plácido”, de Luis García Berlanga. Ninguna de las dos consiguió llevarse la estatuilla – “una lástima”, afirma Rodríguez sobre “Plácido”, quien perdió el galardón frente a “Como en un Espejo” de Ingmar Bergman.

Sobrevolamos los años 60, llenos de nominaciones que nunca se cerraron en torno a un premio. Francisco Rovira Beleta optó dos veces, sin éxito, y Jorge Semprún sería el primer guionista en ser candidato.

No obstante, y casi de forma irónica, el primer galardón para España ni siquiera fue por una producción cinematográfica, sino por una invención técnico-científica: el Dynalens.

Premiado en 1969, Juan de la Cierva y Hoces se convirtió en el primer español en conseguir un Oscar por la creación del Dynalens, un estabilizador óptico utilizado para eliminar los efectos  de movimiento, vibraciones y desenfoque de las cámaras. Este ingenioso aparato fue utilizado por primera vez en la producción estadounidense-japonesa “Tora! Tora! Tora!”, que ese mismo año fue premiada con el Oscar a “mejores efectos visuales”  gracias, entre otros, al invento.

Se estableció así una paradójica relación entre el cine español y aquello que lo mueve desde dentro – los engranajes artísticos y técnicos que seguirían triunfando a lo largo de los años.

Del mismo modo que el primer premio se otorgó al ingenio técnico de Juan de la Cierva, en 1970 se hizo historia cuando Gil Parrondo y Antonio Mateos ganaron la estatuilla por la dirección artística de “Patton” – la gran vencedora del año con 8 premios, incluyendo mejor película.

El año siguiente, Gil Parrondo repitió premio, en la misma categoría, por “Nicolás y Alejandra”, película por la que José Castillo e Ivonne Blake consiguieron también el premio a mejor diseño de vestuario.

El reinado de los premios técnicos y artísticos se vio interrumpido en 1971, cuando Luis Buñuel consiguió por fin su ansiado galardón. Sin embargo, prime la ironía al decir que esto hubo de ser con una producción francesa –  “El discreto encanto de la burguesía” – que le pasó por encima a la española “Mi querida señorita” de Jaime Armiñán.

“El cine vale más, en muchas ocasiones, por lo que tiene detrás que por lo que hay delante”

Pasaron seis años hasta que España pudo repetir el oro y, cómo no, volvió a ser con un premio artístico. La fotografía de Néstor Almendros en “Días del cielo” se merecería un Oscar que, pese a repetidas nominaciones posteriores, no se volvería a repetir. No obstante, esta victoria, como sus precedentes, simboliza una importante verdad: el cine vale más, en muchas ocasiones, por lo que tiene detrás que por lo que hay delante.

Una verdad, que al parecer, gran parte de la sociedad sigue ignorando:

“Me da rabia que pocas veces salga el nombre de Néstor Almendros cuando se habla de los españoles premiados, porque es tan español como los directores o actores citados en la pregunta y su premio tiene tanto mérito como el de ellos,” comenta Juan Rodríguez.

“Estoy muy de acuerdo en que el mundo técnico es un frente – quizá ahora mismo el más idóneo para invertir y hacer del cine español algo más que una marca de dudoso reconocimiento entre el público de nuestro propio país. Pero el problema es que no se sabe vender. No es frecuente que una crítica a una película española destaque el nombre de un técnico.”

Es innegable que donde los EEUU premian y reconocen a los profesionales de la “post-cámara”, en España se ha hecho un amplio vacío al reconocimiento de los mismos. Javier Aguirresarobe es un claro ejemplo de este fenómeno del olvido: como director de fotografía, tiene en su haber más de una decena de películas en las que, quizá, con suerte, suene su nombre de entre todos los créditos de “Los otros” o “Mar adentro”. Y esto, pese a haber trabajado para “Milos Forman, Woody Allen o la saga “Crepúsculo” de la que tanto se habla.”

Tras el premio de Néstor Almendros, el cine español entró en una buena racha en lo que a grandes premios se refiere. 1982 ve a José Luis Garci hacer historia con el triunfo de “Volver a empezar” en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

En 1993 llegará Fernando Trueba, obteniendo el segundo Oscar por “Belle Epoque” – un premio que, por su parte, Juan Rodríguez consideró excesivo (aunque compensado por la loa que Trueba le hizo a Billy Wilder en su discurso de aceptación).

“Estoy muy de acuerdo en que el mundo técnico es un frente – quizá ahora mismo el más idóneo para invertir y hacer del cine español algo más que una marca de dudoso reconocimiento entre el público de nuestro propio país”

1999 será el año en que Penélope pasará a la historia por su eufórico “Pedro!” al entregarle el premio a mejor película extranjera a Almodovar, con “Todo sobre mi madre”. En 2004, le sigue Alejandro Amenabar con “Mar Adentro” y entre 2008 y 2009 triunfaron dos de las grandes figuras (mediáticas) españolas: Javier Bardem y Penélope Cruz.

Entre tanto brillo y lentejuela, parece casi normal que se perdiesen o difuminasen los nombres de otros importantes contribuyentes al mundo del cine: Alberto Iglesias, candidato, aunque no ganador, a la mejor banda sonora por “El jardinero fiel” y quien, junto a Javier Aguirresarobe, es uno de esos artistas españoles “extraordinarios, con reconocimiento en el cine norteamericano y que bien podrían ganar un Oscar”, según Juan Rodríguez.

Del mismo modo, donde “El Laberinto del Fauno” no logró llevarse el premio a mejor película, su equipo consiguió los galardones a la dirección artística, fotografía y maquillaje – todos ellos depositados en manos españolas.

Más notable todavía es el caso del Oscar especial concedido por los avances tecnológicos aplicados a la cinematografía con el que se premió a la empresa MadrileñaNext Limit” en 2008.

Ese mismo año, todas las miradas y cámaras habían sido acaparadas por la estelar imagen de Javier Bardem en su papel de la internacional “No es país para viejos”. Nominado al Oscar por mejor actor secundario, Bardem hacía titulares mientras los creadores del “Real Flow” se movían en la sombra causada por demasiados flashes y poca atención periférica.

Este ingenio, muy cerca de aquel que ganó el primer Oscar para España, le proporcionó al cine internacional un elemento sin el que muchas películas no serían lo que son: los fluidos digitales en movimiento. “El señor de los Anillos”, “300” o “La búsqueda” son tres claros ejemplos de hasta dónde ha llegado este invento nacional en el mundo del cine. Ejemplos, que por otra triste parte, tienen poca audiencia y poco interés en un  ambiente puramente comercial.

“Siempre he pensado que los Oscar son más unos premios con vocación económica que política. Si algo han tenido desde siempre claro en la Academia americana es que su noche de premios es un escaparate para vender películas y estrellas al público, primero de Estados Unidos y ahora en todo el mundo. Si en algo puede afectar el toque político de los Oscar es que España, como país relevante que es, merece su cuota de protagonismo cada cierto tiempo. Y esa cuota se hace efectiva en forma de nominación,” sentencia Rodríguez, sin perder un ápice de verdad.

La conclusión: premios económicos, premios políticos, premios de renombre para unos, de decoración de estantería para otros. Premios merecidos y desmerecidos por la ignorancia.

¿Premios para un progreso del cine español? Quizá, pero poco mientras el auténtico valor de la cinematografía española tenga que seguir escurriendo el bulto entre las bambalinas.

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