Twitter, un nuevo monstruo del cine

Posted on 3 marzo, 2011 por

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Twitter causa estragos en el cine español /Modificado del original de Zapyon

Con las redes sociales, la barrera entre la celebridad y la audiencia se diluye. Los fans pueden charlar de tú a tú con sus ídolos en Twitter o los ganan como “amigos” en Facebook. De hecho, estas páginas llevan años rifándose a personajes públicos. La interacción entre famosos y el resto de ciudadanos ha dado a pie a noticias de película, cadenas de burlas y, últimamente, unos cuantos patinazos. Quizá  requieran un cambio de filosofía en cuanto a la forma de ver las redes sociales. Y nuestros cineastas no son una excepción, pues varios de estos incidentes han tenido como protagonista el cine español, y son bastante representativos.

La controversia más sonada tiene como protagonista a Nacho Vigalondo, padre de la genial Los Cronocrímenes. Todo comenzó con un mensaje en la red social Twitter: “Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!”. Frente a las reacciones contrariadas de varios usuarios, respondió con otro: “¡Ah, el tweet del Holocausto ha sido un detecta-gilipollas de primera!”. A este le siguieron sus bromas habituales con nombres de películas, aunque con el escabroso tema del nazismo, como “Anna Frank’s catch me if you can”.

Mar Iglesias: “Las bromitas no sirven en las redes sociales, de eso hay que ser consciente”

La reacción a esta cadena de mensajes no tardó llegar a los medios de comunicación, como El Mundo, que aprovechó para socavar la imagen El País, explotando que Vigalondo fuera la cara de una de su última campaña publicitaria. Ante la presión, el diario publicó un comunicado en el que anunciaba la cancelación de dicha campaña. Por su parte, el cineasta decidió cerrar su blog hospedado en la comunidad de El País. También añadió una última entrada, titulada con el nombre que se vino a dar a este incidente, “Holocausto Vigalondo“, en la que matizaba y explicaba el incidente a la vez que se disculpaba. La polémica se había zanjado, cosechando no sólo críticas, sino muestras de adhesión y apoyo por parte de la comunidad de internautas.

Independientemente de la opinión que merezca a cada uno la actuación de Vigalondo, queda fuera de toda duda que su imagen, por medio de los anuncios, quedó ligada a la del periódico de PRISA. Y esta empresa decidió prescindir de sus servicios. Para  la periodista Mar Iglesias (a quien entrevistamos en este mismo número), este tipo de conflictos entre personajes públicos e instituciones para las que trabajan se debe al desconocimiento de los primeros de cómo funcionan realmente las redes sociales. “Las bromitas no sirven en las redes sociales, de eso hay que ser consciente”, añade.

Recientemente, hemos asistido a otro acalorado debate en torno al Twitter, de gran importancia para el cine español: El anuncio de la dimisión de Álex de la Iglesia al frente de la Academia de Cine (aunque seguirá ejerciendo hasta las próximas elecciones). Esta decisión deriva del cambio de parecer del cineasta con respecto a la ley Sinde que, durante las fechas anteriores al anuncio, expresaba en encuentros y eventos. Y parte de la culpa en este giro de 180 grados la tienen las conversaciones con cientos de usuarios en la red social.

Gerardo Herrero, productor de “Balada triste de trompeta”, afirmó que De la Iglesia sufría el síndrome de Estocolmo

Hay quien ha apoyado su postura de las formas más originales, y quien ha criticado severamente la decisión, como Icíar Bollaín, que le echa en cara no haber hablado antes con la Academia y sí con los usuarios de Twitter. En la misma línea, Gerardo Herrero, productor de su último largometraje, Balada triste de trompeta, condenaba su diálogo con los internautas. Llegó a afirmar que el director sufría el síndrome de Estocolmo.

Para Mar Iglesias, “no lo hizo tan mal”. Matiza: “Él utilizó los recursos que tenía a su alcance y luego justificó sus acciones. De hecho me encantó el discurso que hizo el día de los Goya, y la gente le aplaudió mucho”. Sin embargo, opina que la actitud de los personajes públicos con respecto a las redes sociales debe cambiar: “Debería diferenciarse lo que es un perfil personal de uno profesional, y más si es de empresa. Este último debe cuidarse y estar incluido dentro de un plan de comunicación en el que se sepa qué mensaje se quiere dar, a quién, cómo, cuándo y qué redes sociales son más interesantes”. De hecho, los personajes públicos deberían tomarse las redes sociales en serio, pues eliminan los intermediarios que antes filtraban la información, los bajan a la tierra.

¿Acaso no necesitan las celebridades gatekeepers que vigilen la información publicada? Iglesias lo considera excesivo. Sin embargo, destaca la figura del Community Manager, especialista en lidiar con la imagen de las marcas en las relaciones digitales con los usuarios (una profesión en boga y con muchas ventajas). Sin embargo, la periodista advierte:  “el Twitter lo tiene que llevar el personaje, no un ‘negro’ o una persona que te lleve las relaciones públicas o la comunicación, porque eso se paga muy caro cuando se descubre en internet”. Como ejemplo, llama la atención sobre el caso de Rosa Díez.

Sea cual sea el futuro de nuestros cineastas y otras celebridades en sus relaciones con los usuarios, está claro que las redes sociales no son una moda pasajera y han suscitado cambios profundos en la relación con la audiencia. Habrá que tener cuidado y vigilar lo que se dice. Iglesias lo considera autocensura o, más bien, “ser consciente de la repercusión que tienen tus palabras”.

¡Ah, el tweet del Holocausto ha sido un detecta-gilipollas de primera!““¡Ah, el tweet del Holocausto ha sido un detecta-gilipollas de primera!”
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