Daniel Narváez: “Quizás los tiempos vuelven, como anunciaban en el Renacimiento”

Posted on 3 abril, 2011 por

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El profesor de estética del cine Daniel Narváez / Inés Gil

Los hermanos Lumiere jamás hubieran pensado que su invento, el cinematógrafo, tendría la importancia que posee en la actualidad. No es una suposición, los dos vendieron cinematógrafos, pero no visionaron las posibilidades de su comercialización, ni la importancia en otras áreas, como la política. Pocos años después de la invención, los totalitarismos adoptaron la utilización de este aparato como arma política, una potente herramienta publicitaria y censuradora. Han pasado muchos años, pero nos seguimos preguntando si el cine actual es un mero entretenimiento o en el fondo siguen existiendo intereses ocultos. Hablamos con Daniel Narváez, profesor de estética del cine en La Ciudad de la Luz para analizar la situación.

“El cine tiene la maravillosa virtud de despertar el sentimiento del espectador. El empleo de los emblemas patrios o la referencia a los valores tradicionales de la nación son evidentes en estas producciones”, afirma el profesor. De manera no tan radical, podemos pensar por esta argumentación que el cine es nacionalista y sigue utilizándose con fines políticos y publicitarios. Narváez menciona que “desde luego lo es. Un ejemplo es la película La guerra de Charlie Wilson. La reflexión final de la película, que pienso que la hace el propio Tom Hanks y no el protagonista, es una sutil manera de justificar la acción militar en la zona y defender la política agresiva de Estados Unidos en determinado momento”. Pero las razones de este nacionalismo exacerbado también es por culpa de la sociedad de los propios países. “La industria del cine trata de ofertar una producción en consonancia con esos gustos de las masas”, nos confiesa el entrevistado.

“Quizás los tiempos vuelven, como anunciaban en el Renacimiento”, Narváez piensa que “las barbaridades nacionalistas vistas en el cine de los totalitarismos, en el que se repiten esquemas y estereotipos” están volviendo por culpa del steampunk, una época en la que “se desmiembra al ser humano en el arte”. A pesar de ello, nacen producciones de corte nacionalista, cuyo camino “me hace sonreír, como el cine ruso actual, que hace gala de un nacionalismo identificado en predicados defendidos en el siglo XIX por los paneslavistas y que pasan por la primacía del idioma ruso y el cristianismo ortodoxo”, comenta Narváez.

En tierra hostil, Greenzone, La sombra del reino, son películas basadas en la guerra de Irak, con su toque político y el acoso del invadido sobre el invasor. Pero, ¿por qué acudimos a estas películas para ver un cierto nacionalismo? “En muchas películas, no bélicas, se utilizan técnicas para engordar el sentimiento patriótico”, afirma el profesor de estética del cine. En sus palabras, lo más curioso pueda ser “la adaptación del mundo Marvel y DC Comics que funcionan en la línea de presentar una mitología actualizada, unos héroes que luchan por la libertad y la justicia desde una óptica netamente occidental. Se presenta siempre un ser fantástico y otro siniestro”.

El cine no lava el cerebro, ni pretende ser un elemento netamente publicitario o político. Las producciones, al igual que tender a un lado, deslumbran con joyas. Algunas de ellas son verdaderas críticas al belicismo, que presentan la verdadera “rudeza y crueldad de las guerras”, confiesa Narváez. Se trata de películas como “Full metal jacket y Casualties of war son historias demoledoras sobre los niveles de depravación y brutalidad al que puede llegar el ser humano inmerso en una situación extrema como es una guerra”. Sin embargo, es una pena que se de más promoción a unos filmes, y que películas críticas como estas “reciban comentarios poco amables por parte de los sectores ligados al poder”, afirma el profesor.

Enemigo extranjero

Los cinéfilos nos hemos preguntado en muchas ocasiones por qué los “malos” siempre son de un país distinto al del protagonista. Véase películas actuales, como Desde París con amor, donde los “buenos” son americanos y los enemigos a combatir chinos y árabes, o películas antiguas como Rocky IV, la más cantosa de todas. En plena crisis de los misiles, el cine presenciaba un duelo pugilístico entre americanos y rusos, donde, obviamente, se imponía el luchador del país de las barras y estrellas.

“El cine, sea cual sea su nacionalidad, suele utilizar este recurso. Es un aspecto que proviene del mundo literario, del relato, que es la base principal del cine. El origen hay que relacionarlo con la propuesta de La Odisea, donde Ulises perdido y errante por el Mediterráneo vaga de un territorio a otro. Él es el extraño, el extranjero, el errante y esta figura va a despertar temor, por ser diferente. Es el xenós que en la vertiente latina acabará derivando en hostis, de donde proviene nuestro término hostil, es decir: lo que es extraño, desconocido y despierta recelo y miedo. Para el cine estadounidense, y otros, el xenós u hostis es mantener el recurso narrativo existente desde los orígenes de nuestra cultura”, responde Narváez para disipar dudas. Aún así, al profesor le sorprende que el cine norteamericano “en ocasiones el enemigo es el indígena o el afroamericano”.

La historia como base del presente

El celuloide también se ha empleado para que la sociedad de los países olvide un pasado del cual arrepentirse, o recuperar unos hechos olvidados o históricamente infravalorados. Un claro ejemplo es el cine alemán. Tras la caída del III Reich hicieron lo posible para limpiar su nombre de una etapa atroz. “Desde los años 50 la producción cinematográfica alemana ha tratado de ser crítica con respecto a su pasado histórico. La serie de películas bélicas “08/15”, o los casos de Stalingrad, Hunde wollt ihr ewige leben, Die Brücke o Das Boot van en la línea de construir el imaginario de una sociedad y unas fuerzas armadas que se vieron arrastradas a la guerra y víctimas de un sistema totalitario”, nos confirma Daniel Narváez. Pero como él mismo reconoce, en estos filmes se evita mostrar que la propia sociedad alemana fue la que eligió democráticamente a Hitler. Todo ello ha llevado a producir filmes como “Der Untergang, que muestra una visión muy subjetiva de los últimos momentos de Hitler y sus secuaces intentando construir la idea de la figura del “nazi bueno” –hasta el momento reservada al ministro Speer– que se preocupa por la salvación de la nación”, nos descubre Narváez.

Asimismo, el cine español, al igual que el creciente cine estonio o finlandés “recurre a recuperar hechos olvidados, y por ello acuden a sus Guerras civiles”, algo que el profesor cree que es normal ya que “en todos los países se realiza, y sin embargo no entramos a establecer debates historiográficos”. Atañendo a esto último, también se da una explicación al aumento del número de filmes basados en sucesos como los protagonizados por ETA.

Según el profesor, uno de los ejemplos de nacionalismos exagerados en el cine actual los encontramos en “producciones chinas y coreanas donde el rancio nacionalismo heroico se manifiesta hasta en las situaciones más absurdas”. Un caso a estudiar, ya que en el futuro tendrá mayor importancia. Basta con conocer las historias negras del dictador Kim Jong-il con este arte. El norcoreano llego a secuestrar al director surcoreano Shin Sang-ok durante ocho años con la intención de impulsar la industria en el país y así reflejar los valores de la ideología de su partido.

Para leer la entrevista completa a Daniel Narváez, pincha aquí.

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