Del canto de sirenas y los mitos en el cine español

Posted on 3 abril, 2011 por

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El cine español: comedia barata, guerra-civilista, extra-subvencionado, demasiado sexualizado, “ya no es lo que era antes”… cuna de mitos y estereotipos, el producto nacional sufre el desprecio y baja estima de miles de personas incapaces de ver más allá del falso canto de la estadística o el rumor. Antonio Salazar, actor, dramaturgo y director, pone su granito de arena para explicar por qué el cine español es mucho más que un cliché.

Antonio Salazar

Si se le pregunta a cualquier viandante por su opinión respecto al cine español, es muy posible encontrarse con un airado “yo no veo cine español; total ¿para qué voy a pagarles la entrada si ya lo estoy pagando con mis impuestos?” Esta respuesta no es un caso exclusivo, sino un pensamiento ampliamente generalizado gracias a las preconcepciones sobre la calidad y financiación del cine nacional.

No es un misterio que la producción de películas españolas se realiza con subvenciones estatales. En 2010 se destinaron al cine 140 millones de euros en  ayudas – una cantidad, que vista desde un único ángulo podría parecer desmesurada o irracional.

Sin embargo, visto desde la perspectiva de un “interno” del cine, es posible darse cuenta de que la situación no es tan blanco-o-negro como lo pintan. Antonio Salazar, actor multifacético que podemos recordar de películas para televisión (“tv movies”) como “23-F: historia de una traición”, “El crimen de los Urquijo” o por su participación en series como “Cuéntame”, “Hospital Central” o “Lalola”, explica su entender de la situación por la parte que le toca.

Para empezar: “Si una película no llega a 300.000 € de recaudación no recibe un céntimo de subvenciones,” afirma, y añade “por otra parte, el cine francés está siete veces más subvencionado que el español. Ayudas al cine las hay en todas partes, incluido Estados Unidos.”

Son detalles importantes y con tendencia a ser olvidados por los detractores del cine nacional. Pocos blogueros están al tanto de los requisitos para otorgar una subvención y menos de las ayudas que también se le reporta a las producciones extranjeras.

Antonio Salazar: “Si una película no llega a 300.000 € de recaudación no recibe un céntimo de subvenciones”

Mientras que Francia aplica el modelo de subvenciones estatales – dicho sea, de forma más eficaz que en España (sus espectadores y taquilla aumentaron en un 3% y 5% respectivamente en 2010) – Estados Unidos sigue un sistema distinto, basado en leyes de mecenazgo. Dichas leyes se entienden como la sustitución de la inversión pública por la inversión privada, haciendo que sean las empresas quienes asuman el riesgo de aportar capital a las producciones a cambio de considerables desgravaciones sobre el impuesto de sociedades.

En España existe una normativa de mecenazgo que, sin embargo, está desactualizada desde 2002. Recientemente, el Partido Popular propuso reformar la ley con el fin de “proporcionar estímulos a la cultura española” e “incrementar las deducciones ante la crisis económica”, pero tanto PSOE como IU-ICV se opusieron a la idea y la rechazaron en el Pleno del Congreso.

Por su parte, Salazar comenta que “mientras no exista una Ley de Mecenazgo como la de los países de nuestro entorno, será difícil atraer capital privado.”

Pero no sólo por las subvenciones se critica al cine español; otro estereotipo escuchado con frecuencia es aquel que conceptualiza al cine español como “guerra-civilista” o “de humor barato”. A esto, el actor aporta un dato interesante: “De las más de novecientas películas rodadas en España entre los años 2000 y 2010 sólo el 1,6% aborda la guerra civil. En cuanto a lo de barata, es que no nos queda otra: el presupuesto de una película media en Hollywood equivale al coste total de las producciones españolas de un año.”

La explicación de dichos prejuicios la subraya, también, Enrique González-Macho en: “Nuestro cine no es ni mejor ni peor que el de nuestro entorno. El problema es que en España consumimos la totalidad de nuestro propio cine en el que hay películas muy malas, malas, regulares, aceptables, buenas y muy buenas, y tan solo las mejores de las cinematografías extranjeras donde pasa exactamente lo mismo.”

A González-Macho no le falta razón en su apunte: de media, España produce unas 120 películas al año, de las cuales casi todas son estrenadas. EEUU, por otra parte, produce una media de 965 películas al año, de las cuales sólo recibimos una selección bien filtrada y pulida.

“De las más de novecientas películas rodadas en España entre los años 2000 y 2010 sólo el 1,6% aborda la guerra civil”

El dato sobre presupuestos de Salazar tampoco está muy lejos de la realidad: mientras que el coste medio de una película estadounidense es de 35 millones de dólares, en España es difícil llegar a los 2’5 millones en costes de producción y esto, inevitablemente, influye en la calidad final del producto.

Pero, además del aparente rencor público por la financiación y los tópicos recurrentes ¿qué más hay para renegar del cine nacional?

“Desde las protestas del “No a la guerra” hay un evidente odio al cine español por una parte importante de la sociedad; esto es un hecho. A determinados sectores no les gustan los posicionamientos políticos de los actores, y en un país tan ‘cainita’ como el nuestro menos,” comenta Salazar.

Y es que, en el epicentro de este revuelto de mitos y prejuicios, se encuentran ellos, los internos y víctimas de una generalización constante. Son aquellos que, cuando se piensa en su oficio, instantáneamente se presenta una imagen de cámaras, flashes, dinero, éxito y tertulias en platós varios. No obstante, esta realidad toca a muy pocos, mientras que los problemas del trabajador común son igual, si no más, palpables para un actor.

“El mayor miedo de un actor es el miedo de que no vuelvan a llamarte,” dice Antonio. Una realidad inverosímil e improbable si se le pregunta al viandante que encabezaba este artículo. “Los actores no saben lo que es el paro,” diría, seguramente.

No obstante, lo saben, y de tal forma que las cifras casi duelen a la vista: “Según un estudio realizado por AISGE (la sociedad de gestión de derechos audiovisuales de los actores) en todo el territorio nacional, la cifra de paro alcanza el 70%. Repito la cifra, 70%.”

Incluso peor es la situación de un actor jubilado – algo que “no existe”, según Salazar – ya que si bien era difícil alcanzar los 15 años de cotización que se exigían para cobrar la pensión mínima, tras la reforma laboral (que aumenta el requisito de cotizar 25 años, en lugar de 15, para cobrar la pensión mínima) la jubilación para los actores de las últimas generaciones es poco más que una “utopía”.

Con todo, son las mentiras de unos pocos sumados a la malinterpretación de muchos lo que ha llevado a la incomprensión de un cine que, de hecho, es el que más galardones ha obtenido desde 1978 en las categorías de habla-no-inglesa. Y es que puede que ésta sea la auténtica “crisis del cine”, la “crisis de los actores”: la lacra de los mitos y las voces que los corean que, como cantos de sirenas, arrastran a la producción nacional a una muerte segura en el arrecife.

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