El otro lado del celuloide

Posted on 3 abril, 2011 por

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Asociaciones como CIMA o la AWD americana surgen de un mundo de hombres para enfrentarse a la realidad y dejar las cosas claras: las mujeres existen, están aquí y saben coger una cámara. Sin embargo, mucho antes que ellas, alguien teorizó sobre la posibilidad de esta incursión femenina en el cine. Desde el otro lado del celuloide, las “invisibles” de los 70 y 80 plantaron las bases para que hoy pueda lucharse por la integración del ángulo femenino en el cine.


Las mujeres sólo representan el 8% de los directores en España

En 1975, la profesora Laura Mulvey escribió el libro “Placer visual y Cine narrativo”, que sin ser la primera obra de esta índole, sí fue la de mayor resonancia e impacto en la sociedad.

El ensayo de Mulvey se basaba en el feminismo como un movimiento cultural con enorme influencia sobre la crítica y teoría del cine. La autora argumentaba que las mujeres del cine clásico solían aparecer exclusivamente en papeles pasivos, secundarios o insignificantes, como reclamos hacia un público principalmente masculino.

Mulvey estudió el fenómeno en profundidad, repasando la misoginia presente en las producciones de importantes directores (Hitchcock) o las “ansias voyeurísticas” del hombre que se siente satisfecho observándola. No obstante, en su ensayo no sólo se dedicó a explicar la situación previa a los años 70, sino que también lo enfocó hacia aquello en que debía convertirse el cine feminista y en qué aspectos tenía que hacer el hincapié que jamás habían hecho las creaciones masculinas.

La técnica del “Contra-cine feminista” – una forma de filmar donde se perdiese el idealismo a favor de la auto-reflexión y el mostrar la opresión a la mujer – la importancia de la mujer espectadora, la subjetividad, deseo y sexualidad femenina interpretada en el cine tradicional y enfrentadas a la realidad… Mulvey destacó todos y cada uno de los puntos que nadie antes se había atrevido a reprocharle al cine y los hombres que lo manejaban.

En su ensayo, Mulvey destacó la importancia de la mujer espectadora, la subjetividad, deseo y sexualidad femenina.

Mientras que quizá su obra no haya sido un “best-seller”, ni se conozca más allá de los círculos especializados, lo cierto es que el ensayo de Mulvey rompió el ominoso silencio que pesaba sobre todo lo relacionado a la mujer cineasta y cinéfila. Su libro no fue el primero, tampoco el más objetivo a la hora de establecer sus principios, pero lo cierto es que desde su publicación en 1975 las mujeres han ido conquistando progresivamente la gran pantalla.

Actualmente, son muchas las mujeres que han sido capaces de mantener una productividad constante en muchos de los ámbitos relacionados al cine – Penny Marshal, Nora Ephron o la recientemente galardonada con el primer Oscar a la dirección femenino, Kathryn Bigelow son algunas de las muchas que día a día se ufanan en hacerse oír en medio de la muchedumbre y los prejuicios.

Quizá tengan algo que agradecerle a Laura Mulvey, Molly Haskell o Marjorie Rosen, quienes de alguna forma hicieron mucho desde sus páginas por hacer ver a aquellas mujeres escondidas tras el celuloide.

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