La emancipación del cine

Posted on 13 mayo, 2011 por

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El cine nacional sufre un desajuste: mientras que cada vez se producen más y mejores películas, la financiación se mantiene igual o más difícil de conseguir. En un país como España, donde la posibilidad de llegar a la gran pantalla depende mayoritariamente del gobierno, cabe plantearse si realmente no existe alternativa alguna a un sistema que evoluciona hacia lo obsoleto.

Emancipacion del cine

Si se habla de subvenciones al cine todo el mundo revela una opinión al respecto, pero lo cierto es que pocos saben los matices y detalles de esta forma de financiación.

Las subvenciones como tal no son un saco de dinero dejado a las puertas de la productora, sino que para ser candidato a recibir una inversión estatal en el proyecto existen un número de convocatorias anuales a las que todo director, productor, guionista o distribuidoras que cumpla los requisitos se puede presentar. Una vez resuelto el concurso de ‘becas’, es el Instituto de Cinematografía y las Artes Visuales (ICAA) junto al ICO (Instituto de Crédito Oficial) quien distribuye los 140 millones de euros dedicados al cine entre los candidatos a recibirlos.

A diferencia de lo que pueda pensarse, estas subvenciones nunca financian el 100% de la producción, apenas llegando, en muchas ocasiones, al 50%. Ya lo dijo Alex de la Iglesia, en declaraciones al Diario de Navarra, cuando afirmaba que en una película el productor tiene que hacer una gran inversión, pedir créditos y las ayudas y las subvenciones vienen después. “Y eso nunca sería ni siquiera un tercio del presupuesto,” añadía.

Por verdad que sea que una subvención no crea al cine y que hay mucha inversión privada detrás de un proyecto, la realidad es que España se ha acomodado en una forma dependiente de hacer películas, siguiendo un manual preestablecido y olvidando que existen alternativas, más costosas, pero también más rentables a largo plazo.

Porque, ¿es rentable el cine español de hoy? No realmente. En 2010 la taquilla recaudó menos de lo invertido ese año en subvenciones y perdió cerca de once millones de espectadores. Esto sucede a la par que se incrementa la piratería en internet y los políticos se devanan los sesos buscando una solución letal al problema.

En 2010 la taquilla recaudó menos de lo invertido ese año en subvenciones y perdió cerca de once millones de espectadores

Todo esto desemboca en la inevitable cuestión de si existe posibilidad de hacer cine sin subvenciones o no.

“Creo firmemente que es posible, y considero que es necesario que el sector vaya buscando vías para depender cada vez menos del dinero público,” responde a esta pregunta Iván Miñambres, miembro del estudio de producción vasco Uniko.

Iván no es el único que piensa así; de hecho, desde hace pocos años son varios los directores y guionistas que se han atrevido a hurgar en sus bolsillos y pedir créditos privados para financiar sus sueños de independencia.  Tina Olivares, guionista madrileña y directora de “Esperando Septiembre”, auto-financió su película con una idea muy clara en mente: “El cine independiente en este país es todo lo que haces con menos presupuesto del que deberías. Y, ¿para qué iba a esperar? Pensé. Yo mi peli la hago ya. Con mi dinero, sin que nadie me chiste. Sólo necesitaba una cámara y un micro y gente que quisiera apoyarme.”

Junto a ella, otros directores como Lucas Fernández (Oscar, una pasión surrealista), Andrés Duque (Color perro que huye) o José Luis Alemán (La herencia Valdemar) también se han atrevido a soltar la mano del gobierno para realizar sus películas, aunque algunos de ellos – como Alemán – no lo han tenido completamente fácil.

“Por atrevernos a ir sin subvenciones se ha llegado a insultar a nuestras familias, se nos ha amenazado y se ha intentado destruir la productora,” explica el director de La herencia Valdemar, quien afirma que el cine español se ha acostumbrado a que cuando las cosas salen mal, el Estado siempre está ahí para salvarlo.

Con todo, se desemboca en un planteamiento obligado: ¿Qué alternativas factibles existen a la subvención estatal?

“La coproducción entre empresas pequeñas (como es el caso de Birdboy) lo considero esencial. Unir fuerzas, pasiones y hacer juntos un proyecto grande; es el poder de la suma,” afirma Iván Miñambres.

Iván Miñambres: “Unir fuerzas, pasiones y hacer juntos un proyecto grande; ese es el poder de la suma”

Birdboy, el corto de animación de Pedro Rivero y Alberto Vázquez, es el perfecto ejemplo para ilustrar esta propuesta. Su creación, en 2010, corrió a cuenta y cargo de cuatro estudios de producción – uno de ellos del propio Rivero – que asumieron trabajar gratis hasta que el proyecto fuese rentable, bien por subvención, bien por una inversión externa o la venta de derechos.

Mientras que al final recibieron una pequeña beca estatal (18.500€, en comparación con los 75.000€ del presupuesto total), el grueso del esfuerzo y la financiación fue aportada por las cuatro entidades participantes que ahora, gracias a más de 11 galardones ganados y una nominación en la lista final de los candidatos a los Oscar 2012, empiezan a ver la rentabilidad de su proyecto

Pero no sólo de grandes y medianas productoras puede salir un proyecto. El “micromecenazgo” o “crowdfunding” es una idea salida de internet hace unos años y que recientemente ha llegado a España como una alternativa a la financiación profesional.

La idea es muy básica: un creador, director, guionista, expondrá su proyecto – frecuentemente por Internet. Tras haber publicitado y presupuestado su proyecto, los “mecenas” podrán involucrarse en el proyecto, aportando la cantidad de dinero que quieran o puedan permitirse. A cambio, el donante será recompensado, pudiendo ser promocionado (si presta algún servicio) o recibiendo descuentos o experiencias relacionados con la producción.

En España, la web Lánzanos es una de las primeras plataformas disponibles para acercarse a este tipo de salidas y aunque todavía no esté demasiado extendido entre el colectivo profesional, se ha establecido ya como una forma muy atractiva de recaudar dinero de forma independiente.

Por otra parte, al margen de la recaudación de dinero en Internet, no hay que olvidar que una de las fases más difíciles o costosas de un proyecto es la distribución, ya que una idea acabada no siempre es interesante frente a quien tiene la última palabra.

“Veo futuro en internet; creo que debe ir a más ya que ver una película de forma legal, con calidad de imagen, pagando, en cualquier momento  por internet puede ser una buena opción,” propone Mariví de Villanueva, presidenta de Canonigo Films.

Villanueva da una respuesta no sólo al problema de la distribución en las salas, sino a la creciente crisis del DVD. Y no está sola, ya que Iván Miñambres, de Uniko, propone lo mismo.

“Considero que la distribución de películas tiene que pasar a ser digital, y que se deben potenciar proyectos similares a Filmin, Voddler o Netflix, dónde el usuario puede ver películas a muy buena calidad y precios muy competitivos.”

En estos momentos existe una gran variedad de páginas que promocionan este tipo de servicios. Wuaki.tv, por ejemplo, es otro caso del “videoclub en casa”, que por menos de 5€ ofrece películas actuales (Harry Potter y las reliquias de la muerte, Tres metros sobre el cielo) y gracias a patrocinios, como el del banco BBVA, ofrece una selección completamente gratis.

Son muchas las alternativas que inspiran otra forma de hacer negocios y explotar un producto creativo que, por ahora y desde hace años, aspira a mucho pero alcanza a poco. No hay que olvidar que el cine no es más que otra forma de empresa y que, como tal, debe aprender a caminar solo si quiere ser reconocido por sus propios pasos.

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