Alejandro Pedregal: “Dudo que el cine sea el mejor instrumento para generar cierto debate y crear una reflexión crítica”

Posted on 10 junio, 2011 por

1


/Alejandro Pedregal

Alejandro Pedregal llegó a Finlandia con una beca de investigación doctoral y se quedó en Academia de Bellas Artes de Helsinki. En la actualidad trabaja como investigador la Escuela de Cine de la Universidad Aalto de Arte y Diseño, y dirige el festival de cine y arte media Lens Politica que ya cuenta con cinco años. Nos habla del cine político y el festival que dirige.

¿Qué ofrece Finlandia a un cineasta?

Es algo complejo responder a esta pregunta. Hay que entender que el mercado finés es pequeño y que eso marca también la producción cinematográfica del país. Se hacen entorno a 12 largos por año, aunque hay una fuerte tradición de cine documental y televisivo de calidad. El hecho de ser extranjero en ese contexto no favorece, evidentemente. Pero es cierto que hay aspectos positivos, como es el hecho de que se cuide el medio profesional respetando los sueldos propuestos por los sindicatos gremiales, lo que hace que la calidad se cuide, aunque también limita el desarrollo de un movimiento de cine de guerrilla.

En cuanto al trato, por las características del propio medio y las cualidades culturales del país, la verdad es que es relativamente sencillo establecer un contacto directo con los profesionales, las estructuras sociales en general están menos jerarquizadas y eso es de agradecer. En cualquier caso, los proyectos que tengo en marcha exigen co-producción y he de reconocer que me gustaría en algún momento realizar algunos proyectos en otro contexto.

Háblenos de sus últimos proyectos, el largometraje In the Seams of Beauty y su corto Awakening Heat.

La verdad es que no puedo decir mucho sobre ninguno de los dos. Son proyectos que están en marcha, ambos en espera de respuestas y negociaciones. Para ambos hay productores finlandeses y, especialmente en el largo, se necesita una participación extranjera en la producción. Estamos en conversaciones con productoras de varios países, incluidos España, Francia, y Estados Unidos. Pero por el momento no hay nada concretado, excepto el guión y la participación finlandesa.

En cualquier caso, ambos son proyectos con un fuerte carácter alegórico que se adentran en el thriller, en el caso de In the Seams… en clave de cine negro, y en el de Awakening Heat en clave psicológica, para enlazarse con otros géneros como el drama, y con una fuerte influencia literaria. Espero que algún día os pueda contar más detalles sobre ambos: eso querrá decir que se han realizado.

¿Cómo despegó el proyecto del festival Lens Politica?

En un principio nace como parte de un proyecto pedagógico integrado en la Academia de Bellas Artes de Helsinki, en el que el festival era la etapa final de un proceso de investigación, discusión y selección que se realizaba con un grupo de alumnos durante un año. La idea era centrarse en la creación cinematográfica y artística que reflexionaba y hacía uso de aspectos políticos para elaborar propuestas o ahondar en el debate social. Para ello se invitaba a algunos creadores que pudieran participar en mesas de debate, porque queríamos que Lens Politica como festival se convirtiese también en un foro de discusión e interacción entre los artistas, cineastas y la sociedad civil. Pensamos debía ser uno de los objetivos de un centro público académico dedicado a las artes (y que sin embargo estaba muy centrado en aspectos más individualistas propios de la educación artística dominante en Occidente).

El festival tuvo un gran apoyo ciudadano desde el principio, hasta el punto de que a partir del segundo año creció de manera independiente a la Academia de Bellas Artes y se instauró como un festival anual con una gran respuesta popular en la ciudad de Helsinki. El festival sigue manteniendo vínculos con las instituciones educativas, pero en la actualidad es independiente y lo organiza una asociación que lleva el mismo nombre de Lens Politica.

El festival ha cumplido cinco años… ¿cómo ha ido evolucionando?

Ha crecido mucho sin haber renunciado a su identidad. El hecho de haber tenido a ciertos invitados y haber desarrollado actividades públicas con notable éxito han hecho que la gente se interese por una propuesta que seguramente sea la más radical en el contexto cultural de la ciudad, entendiendo el término “radical” de acuerdo a su origen etimológico: “de raíz”, que va a la raíz.

Es un festival pequeño, cinco días, pero que ha cuidado mucho el programa y el perfil, porque todo se centra en el trabajo de selección y hay un verdadero compromiso con la calidad y el discurso, haciendo que mucha gente con intereses muy dispares puedan confluir en él. A veces hemos sido los únicos que nos hemos atrevido a proyectar ciertas obras que sufrían de un cierto grado de censura, incluso en Finlandia, y hemos logrado desarrollar proyectos y colaboraciones que parecían impensables. Las visitas de autores como Reverend Billy y su Iglesia de Dejar de Comprar, o los Yes Men, Norman Finkelstein, Xiaolu Guo, Anthony Arnove, etc. han hecho que el festival crezca y defina su posición y perfil dentro del panorama cultural finlandés.

¿Cuáles son, en su opinión, las películas más influyentes por su carga política y comentario social?

Es ciertamente difícil responder a esta pregunta. Uno de los objetivos de Lens Politica era precisamente romper con el cliché generalizado de que el cine político es un cine documental con cabezas parlantes que discuten sobre un conflicto particular. La política es una actividad que afecta a todos los niveles de nuestra vida y que se expresa en formas muy dispares, y que ya sea exponiéndola u omitiéndola, se manifiesta del mismo modo que nuestro propio posicionamiento ideológico aparece más a menudo de lo que nosotros podamos pensar.

En el origen del festival hubo dos títulos de documentales contemporáneos que fueron decisivos para tomar la iniciativa: Surplus de Erik Gandini y La Revolución No Será Televisada de Kim Bartley y Donnacha O’Briain. Evidentemente, no eran los primeros títulos que me impactaban. He sido siempre un gran admirador del cine de Kubrick, al que veo profundamente político en muchos aspectos. Me dejó boquiabierto El Conformista de Bertolucci la primera vez que lo vi, así como el cine italiano de los 60, especialmente el Visconti de El Gatopardo o La Caída de los Dioses o el Fellini de La Dolce Vita, entre otros muchos títulos de ambos y de aquella generación.

“Los medios masivos usan con frecuencia el término ‘propagandístico’ para devaluar ciertos títulos abiertamente críticos”

Me parece que Paul Verhoeven esconde un lado profundamente político y contestatario en su cine, a pesar de estar despreciado por ciertos sectores de la intelligentzia. Especialmente Starship Troopers me parece un claro manifiesto crítico magnífico. Los Coen también tienen títulos maravillosos con un componente político a veces muy soterrado, pero creo que inteligente. Pino Solanas o Patricio Gurmán son autores ejemplares, al igual que los montajes de Santiago Álvarez en sus noticieros cubanos, Peter Watkins y sus falsos documentales… Hay tantísimos títulos y autores que me han influido que sólo dándote esta pequeña lista siento que quedo como un idiota, porque supongo que en minutos me acordaré de otros que debería haber mencionado. Llevaría una entrevista entera y más hacer una revisión crítica del componente político en la historia del arte cinematográfico, desde Eisenstein o Griffith hasta el desarrollo de la tecnología digital…

¿Cuál sería para usted la época dorada para este tipo de cine?

Personalmente me atrae mucho el cine que se hizo en los 60 y los 70. Hablo como cineasta, no como director de festival, y me refiero sobre todo al cine de ficción, ya que es al que más tiempo dedico. En términos industriales en Estados Unidos, y muy a grandes rasgos, creo que el hecho de que se diese una crisis en los estudios y el “star system” se resintiera con motivo de la entrada de la televisión, dio paso a un cierto grado de libertad creativa que, en paralelo a los acontecimientos sociales y políticos de la época, generó un cine verdaderamente interesante y crítico.

En Europa el tema era diferente, pero hay un cuestionamiento generacional que influye en el cine y rompe con ciertos valores preestablecidos. El cine italiano de esa época es un buen ejemplo. En Latinoamérica los movimientos sociales y la agitación política, inspirada en muchos casos por el éxito de la revolución cubana, así como el ejemplo del ICAIC, también generan toda una nueva ola de creadores importantes muy comprometidos políticamente y que en muchos casos lanzan puentes con África y Asia. Evidentemente las últimas décadas han sido de gran relevancia por el desarrollo de las tecnologías y el abaratamiento de los costes de producción, que creo han hecho que se viva una especie de época dorada del documental, con una gran explosión comercial del formato.

Creative Commons, servicios gratuitos de hospedaje de vídeos, redes sociales, cámaras de notable calidad en teléfonos móviles de nueva generación… Ahora que cualquiera puede grabar sus propios documentales y piezas y compartirlas con el resto del mundo, ¿estamos en el mejor momento para el cine de dimensión social y política?

Puede ser, aunque también la sobresaturación de información y oferta puede inhibir a la audiencia. En principio creo que es algo positivo. Es evidente que facilita la comunicación entre la gente y eso puede hacer que el debate se desarrolle y la información alternativa o las propuestas críticas circulen. El problema, como siempre, es el control de todo esto, y ahí sí tengo dudas de que esa parte se haya verdaderamente “democratizado”.

¿Qué opina del estado actual del cine más reivindicativo?

Creo que hay un cine que a veces deja poco espacio al pensamiento crítico por su naturaleza categórica o sus rasgos maniqueos. Aún así, dependiendo de las circunstancias históricas ese cine puede ser significativo o no. Ahí está el caso de Eisenstein, profundamente maniqueo, “propagandístico” si prefieres, pero de una significación histórica incuestionable. Por lo general creo que tal y como ha evolucionado el medio cinematográfico cualquier cine que reduzca los conflictos políticos a simples luchas entre buenos y malos tiende a ser cine poco interesante, porque dogmatiza en lugar de profundizar en la reflexión y el pensamiento crítico.

“Cualquier cine que reduzca los conflictos políticos a simples luchas entre buenos y malos tiende a ser cine poco interesante”

Por otro lado, los medios masivos usan con frecuencia el término “propagandístico” para devaluar ciertos títulos abiertamente críticos. Creo que hay una estrategia en eso que también es errónea. “Propaganda”, como su propia palabra indica, se refiere a “propagar una idea” y contra eso no tengo nada, especialmente en nuestra época en la que precisamente lo que faltan son ideas en el medio cinematográfico.

Desde el punto de vista de un realizador, ¿qué ventajas ofrece el cine sobre otros medios para transmitir un mensaje ideológico, mover la conciencia?

Ninguna ventaja. Creo que los creadores, artistas, cineastas, escritores, etc. tendemos a sobrevalorarnos como no nos valora nadie. Es un engaño interesado, un mito lleno de privilegios sociales que justifica comportamientos en muchos casos deshonrosos. El cine puede aspirar a generar cierto debate y crear una reflexión crítica, pero no es más que un medio con posibilidades limitadas. Es el conjunto de todos los medios lo que hace posible el cambio. Y dudo que el cine sea el mejor instrumento para eso.

¿Puede este tipo de cine llegar a ser un éxito comercial, y más ahora?

Evidentemente sí. Hay ejemplos que lo corroboran, aunque la calidad no siempre acompañe. Creo que el cine político siempre ha interesado por cuestiones obvias: la política nos afecta a todos y determina nuestra vida y nuestra relación con los demás. Otra cosa es que a la misma industria le interese o no que eso salga a la luz.

Por suerte las nuevas plataformas de distribución que ya mencionadas han hecho posible que esos intereses tengan que replantear ciertas posiciones. Hay ejemplos de títulos que han tenido mucho éxito y despertado gran interés en internet, sin necesidad de estrenar en los cines comerciales o utilizar los canales tradicionales de distribución. Eso no puede más que reafirmarnos en el potencial del medio y en la necesidad social del discurso crítico, y también debe servirnos para advertir la importancia política del control de esos medios no sólo de creación o producción, sino también de distribución.