El cine de la mano en alto y la tricolor

Posted on 10 junio, 2011 por

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Más de 70 años de cine de la guerra civil /Fotomontaje de "Miliciano herido de muerte" de Robert Capa

En la primera década del siglo XXI se produjeron 36 películas sobre la guerra civil española. Dos más que en los 90, inaugurados con ¡Hay, Carmela!. La misma diferencia que se lleva con el recuento de la febril batalla propagandística de los 30, en plena contienda. Y este repunte no tiene visos de detenerse: sólo en 2010 se produjeron seis. ¿Por qué esta creciente fascinación por la guerra civil? ¿Qué evocan estas películas? ¿Cómo ha influido el cine en la memoria de la guerra?

A lo largo de 60 años, las producciones sobre el conflicto han variado mucho en cantidad, calidad y contenido. José María Claver, profesor de Cine Español Contemporáneo de la Universidad de Sevilla, autor de La pantalla nacional. El cine de la Italia fascista en la guerra civil y auténtico experto en el cine propagandístico del periodo, destaca que se trata del primer conflicto mediático por dos razones: “la masiva utilización del cine como instrumento de información y como arma de propaganda”.

El profesor subraya la intervención extranjera en los esfuerzos propagandísticos de uno y otro bando durante la guerra. Por un lado, los filmes de la escuela soviética, como El acorazado Potemkin, Chapayev o Los marinos de Kronstadt, que proyectaba el bando republicano. Por otro, sobre todo, las inciativas del Eje.  Destaca los noticiarios cinematográficos, como el alemán Actualidades UFA, o el italiano Cinegiornale Luce, formato que se consolidaría en España con el posterior NODO español. Prima el género documental, como el italiano Camino de héroes o el estadounidense Tierra de España.

 “Todos ellos conciben el cine como un arma de agitación y propaganda cuyo objetivo es denostar al enemigo y reforzar la imagen del ‘nosotros’”, comenta el profesor, matizando que el fenómeno se dió en ambos bandos. “A partir de la guerra de España, todo el mundo será claramente consciente del papel de agitación y propaganda que puede llegar a desempeñar el cine”.

Claver destaca la postura italiana: “Ellos se sienten herederos de la antigua Roma; su misión es, por tanto, la de luchar por el triunfo de la civilización mediterránea contra estos nuevos bárbaros –los comunistas– que se sitúan en los límites del nuevo imperio romano”. Por otro lado, en los noticiarios de países neutrales (como la  Fox Movietone norteamericana, el Gaumont Actualités francés o el Gaumont British) “los orígenes del golpe militar ilegal contra la democracia se escamotearon en muchas de las informaciones”. “La guerra había surgido como surge una tormenta, un terremoto o un fenómeno incontrolado de la naturaleza”, añade.

Durante la contienda, la mayor parte del material fue propagandístico, pero… ¿cómo se abordó en el cine posterior?

Vicente Sánchez-Biosca (a quien entrevistamos en este número) es autor Cine y Guerra Civil española. Del mito a la memoria, en el que analiza el trato que le ha dado el cine.  En la inmediata posguerra, el profesor identifica el cine “de cruzada”: “Sus ficciones hundían las raíces en la historia de España para entresacar las glorias nacionales que, con decadencias y traiciones, pero también con heroicidad, confluían en la guerra civil para resolver ‘definitivamente’ todos los desgarros del país”.

Vicente Sánchez-Biosca: “El franquismo renunció a escribir la historia de la guerra y prefirió el mito y la leyenda”

A este género se adscribirían Raza y Rojo y negro, ambas de 1942. Por otro lado, Sánchez-Biosca destaca que “desaparecieron de circulación”: “La guerra civil fue la gran ausente de los años cuarenta y sólo reapareció al filo de 1950”. En realidad, afirma el experto, “el franquismo renunció a escribir la historia de la guerra y prefirió el mito y la leyenda”.

Aquellos 50 trajeron películas realizadas por cineastas como Arturo Ruiz-Castillo o Carlos Serrano de Osma, que “lograron introducir la figura del republicano honesto, si bien engañado y diferenciado del siniestro comunista”. Durante la Guerra Fría, la Iglesia se lanzó a producir películas. En ellas “el malvado comunista, frío y metódico, se convirtió en el villano por excelencia”.

De los sesenta, Sánchez Biosca rescata películas beligerantes, provenientes de la oposición exiliada y bajo capital extranjero, como En el balcón vacío o La guerre est finie (escrita por el recientemente fallecido Jorge Semprún). En los 70 “el cine analizó, desmontó, estudió los mitos franquistas”, como hizo Basilio Martín Patino ( Caudillo y Canciones para después de una guerra). Hasta llegar a los 80, en los que surgieron una serie de films inspirados Saura y de El espíritu de la colmena: “los films de niños, cuyo aprendizaje, despertar sexual o amoroso, etc. se produce con la guerra”.

Y en las dos últimas décadas, la producción de filmes sobre la guerra civil no ha dejado de escalar. A Sánchez Biosca no le extraña: “Una sociedad construye sus relatos sobre aquello que le intriga y le fascina”. A lo que añade: “Cuanto más lejana, más incomprensible; cuanto más incomprensible, más estimulante resulta saber; cuando más estimulante, más tiene el arte de la narración, unido al poder de las imágenes, que fantasear”.

José María Claver: “El cine español ha disfrazado de milicianos o de falangistas las ideologías dominantes en la actualidad”

Por otro lado, el profesor denuncia el género documental, pues le inquieta que “utilicen las imágenes de archivo para connotar emoción y la voz de los testigos para establecer los hechos”. Debería ser al contrario y esto constituye una doble perversión”.

José María Claver apunta que EEUU sigue produciendo películas sobre la Segunda Guerra Mundial, y recuerda el caso italiano: Rossellini, Fellini, Pasolini, Bertolucci, Visconti rodaron películas sobre fascismo y nazismo recién terminada la contienda. Para el profesor, “es un signo de salud mental el poder recordar la guerra civil y también creo que es un deber ético y moral. El cine de un país tiene la obligación moral de mostrarnos la historia y no  de mirar a otro lado, por mucho que ésta no nos guste”.

¿Ha estimulado la Ley de Memoria Histórica la producción de películas sobre la guerra? Claver cree que sí, y acusa a la forma de hacer política: “Está claro que cuanto más politización padece la sociedad, en el peor sentido de la palabra, más rentable desde el punto de vista electoral les resulta a los dos partidos turnantes”.

Recuerda el contraste con los ochenta, en el quincuagésimo aniversario del conflicto, “este tema no importaba sino a los estudiosos, porque su debate no interesaba extenderlo entonces a la sociedad”. ¿Cuál es su balance? “Es muy difícil hablar que el cine español contemporáneo, mayoritariamente, haya hecho una recuperación histórica del período de la guerra civil: todo lo más ha disfrazado de milicianos o de falangistas las ideologías dominantes en la actualidad”.

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