La escalera del cine político

Posted on 10 junio, 2011 por

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Fotograma de "Acorazado Potemkin", obra clave del cine político

Desde que los hermanos Lumiére retrataran la salida de unos obreros de su fábrica, creando el primer documental de la historia, el séptimo arte se ha esforzado tanto en ofrecer pura diversión como retratar la realidad… y las ideas. En este último caso hablaríamos cine político, con mensaje social o ideológico. Un cine que, o bien invita a la reflexión, o trata de mover al espectador hacia su posición. Un género en sí mismo, con sus propias iniciativas y evolución.

El cine político comienza en a principios del siglo pasado, con el surgimiento de nuevas ideologías y su inevitable propaganda. Propaganda cuyo máximos exponentes son Leni Riefenstahl y la escuela soviética de cine, encabezada por Eisenstein, el padre del montaje cinematográfico. Pero tampoco cabe olvidar el mensaje subyacente en filmes de, en teoría, puro entretenimiento, como las míticas obras de D. W. Griffith, El nacimiento de una nación e Intolerancia.

El género experimentó una época dorada en los años 60 y 70, especialmente de la mano de los realizadores italianos (la coproducción italo-argelina La batalla de Argel es una de las obras más representativas y de mayor calidad del género). Durante estas dos décadas, dispares producciones guardaron un ácido comentario social. Como muestra, un botón: las obras maestras del cine de terror  de George Anderson Romero atacaban el racismo, el consumismo y, en los ochenta, el militarismo rampante de la era Reagan. Décadas en las que hasta los zombies mordían con vehemencia los males de la sociedad.

Por supuesto, una miríada de realizadores como Spike Lee o Michael Moore o agitadores de conciencias como los Yes Men han continuado ofreciendo propuestas desde lo más subversivo, crítico y reflexivo a lo más simplista. Y, recientemente, han surgido festivales tanto nacionales como internacionales dedicados enteramente al cine político.

El género experimentó una época dorada en los años 60 y 70, especialmente de la mano de los realizadores italianos

Alejandro Pedregal (a quien entrevistamos en este mismo número), español afincado en Finlandia, es director de uno de estos certámenes, el  Lens Politica de Helsinki. El festival nació al amparo de Academia de Bellas Artes de Helsinki como un proyecto estudiantil, pero se independizó en su segundo año como acontecimiento anual con derecho propio. “Uno de los objetivos de Lens Politica era romper con el cliché generalizado de que el cine político es un cine documental con cabezas parlantes que discuten sobre un conflicto particular. Queríamos que Lens Politica como festival se convirtiese también en un foro de discusión e interacción entre los artistas, cineastas y la sociedad civil”.

En sus cinco años de existencia, Lens Politica no ha parado de crecer, recibiendo visitas de autores de la talla de The Yes Men, Norman Finkelstein, Reverend Billy, Xiaolu Guo, Anthony Arnove. Pedregal señala que este ascenso se debe al interés ciudadano y a la voluntad de reunir ideas e intereses dispares bajo un mismo festival. “A veces hemos sido los únicos que nos hemos atrevido a proyectar ciertas obras que sufrían de un cierto grado de censura, incluso en Finlandia, y hemos logrado desarrollar proyectos y colaboraciones que parecían impensables”, afirma su director.

Para Pedregal, este tipo cine de cine puede tener y experimenta éxitos comerciales, “aunque la calidad no siempre acompañe”. Y es que el director de Lens Politica denuncia las propuestas más manipuladoras y simplistas: “Hay un cine que a veces deja poco espacio al pensamiento crítico por su naturaleza categórica o sus rasgos maniqueos”. A lo que añade: “Cualquier cine que reduzca los conflictos políticos a simples luchas entre buenos y malos tiende a ser cine poco interesante, porque dogmatiza en lugar de profundizar en la reflexión y el pensamiento crítico”.

Alejandro Pedregal: “Es el conjunto de todos los medios lo que hace posible el cambio”

“Por otro lado, los medios masivos usan con frecuencia el término ‘propagandístico’ para devaluar ciertos títulos abiertamente críticos”, advierte. Opina que propagar ideas es positivo, “especialmente en nuestra época en la que precisamente lo que faltan son ideas en el medio cinematográfico”.

Fuera del circuito comercial, redes sociales, Creative Commons, portales de vídeo y herramientas gratuitas, cámaras hasta en los móviles y otros recursos plantean otras alternativas para difundir el mensaje. “Hay ejemplos de títulos que han tenido mucho éxito y despertado gran interés en internet, sin necesidad de estrenar en los cines comerciales o utilizar los canales tradicionales de distribución. Eso no puede más que reafirmarnos en el potencial del medio y en la necesidad social del discurso crítico, y también debe servirnos para advertir la importancia política del control de esos medios no sólo de creación o producción, sino también de distribución”.

Cabe resaltar que Pedregal no le confiere virtudes revolucionarias al cine: “Los creadores, artistas, cineastas, escritores, etc. tendemos a sobrevalorarnos como no nos valora nadie.  El cine puede aspirar a generar cierto debate y crear una reflexión crítica, pero no es más que un medio con posibilidades limitadas”. Para el director del festival, “es el conjunto de todos los medios lo que hace posible el cambio”.

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