Vicente Sánchez-Biosca: “Una sociedad construye sus relatos sobre aquello que le intriga y le fascina”

Posted on 10 junio, 2011 por

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Es autor de diversos libros sobre cine, historia y propaganda /Cortesía de Vicente Sánchez-Biosca

Vicente Sánchez-Biosca es profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Valencia y director de la revista Archivos de la Filmoteca. En 2006 publicó Cine y Guerra Civil española. Del mito a la memoria, en el que analiza cómo ha tratado el séptimo arte la contienda, y ha profundizado sobre cine y propaganda en otras ocasiones. Concede una entrevista a InCinema sobre la memoria fílmica del conflicto.

Del cine en plena guerra civil, de obvio contenido propagandístico, se pasa a otras películas más nostálgicas. ¿Qué tipos de películas, etapas, distingue? En otras palabras… ¿cuál ha sido la evolución de este género?

Periodizar las tendencias del cine que se ha ocupado de la guerra civil es harto complejo. Durante los años de conflicto, los films de propaganda fueron en su mayoría documentales o noticiarios. La inmediata posguerra conoce, en cambio, el surgimiento de un género que se ha venido denominando “de cruzada”. Sus ficciones hundían las raíces en la historia de España para entresacar las glorias nacionales que, con decadencias y traiciones, pero también con heroicidad, confluían en la guerra civil para resolver “definitivamente” todos los desgarros del país.

Eran films franquistas que, curiosamente, tras Raza y Rojo y negro (1942), desaparecieron de circulación. En otros términos, la guerra civil fue la gran ausente de los años cuarenta y sólo reapareció al filo de 1950, en una coyuntura distinta. La mirada era algo más distante y algunos realizadores como Arturo Ruiz-Castillo o Carlos Serrano de Osma lograron introducir la figura del republicano honesto, si bien engañado y diferenciado del siniestro comunista. Cuando la Iglesia se incorporó a la producción de films fue también en plena guerra fría y el malvado comunista, frío y metódico, se convirtió en el villano por excelencia.

“El franquismo renunció a escribir la historia de la guerra y prefirió el mito y la leyenda”

Los años sesenta apuntaron otros aires: una retórica de la modernización, del perdón y del presente. Y, con todo, las voces de la oposición, forzosamente externa, también se hicieron oír: En el balcón vacío, Mourir à Madrid, La guerre est finie… Tras el gran debate de la transición (a pesar del pacto de silencio del que se acusa ahora a ese período, jamás quizá hubo debate tan intenso en la cultura española como en esos años), el cine analizó, desmontó, estudió los mitos franquistas (habían sido los dominantes). Quizá nadie lo expresó mejor que Basilio Martín Patino con Caudillo y Canciones para después de una guerra. Una era de extraña nostalgia y de educación sentimental, siguiendo la estela de algunos films de Saura y de El espíritu de la colmena, invadieron los años ochenta: los films de niños, cuyo aprendizaje, despertar sexual o amoroso, etc. se produce con la guerra. Mas también hubo casos de adolescentes. Las bicicletas son para el verano, Las largas vacaciones del 36, por citar dos casos bien distintos, expresan la labilidad de estas fronteras.

¿Cómo sustituye el mito a la memoria?

En realidad, sucede a la inversa. El franquismo renunció a escribir la historia de la guerra y prefirió el mito y la leyenda. Lo hizo en los lugares de conmemoración y en la literatura, en los discursos públicos y en el cine. Tuvo su éxito, sin duda, pero quedó sin armas para responder a una historiografía que había sido racional y marxista. De ahí que los discursos “revisionistas” sobre la guerra hayan tenido que replantearse en las últimas décadas. Actualmente, vivimos en una oleada invasora y envolvente de memoria. Es una palabra hueca por lo general y lo es porque se considera un argumento y un deber.

¿Cuáles son los nuevos mitos que crea el cine del siglo XXI sobre la guerra civil?

La visión de la retaguardia, de lo cotidiano, de fragmentos de batalla y no de los grandes acontecimientos. En pocas palabras, cómo la gente corriente vivió la experiencia de la guerra. Esto ya había comenzado en los años ochenta del siglo pasado, pero es un tema abierto.

En la primera década del siglo XXI se produjeron un total de 36 filmes sobre o ambientados en la guerra civil española, 14 de ellos del género documental. Por otro lado, en el primer año de la década de 2010 se estrenaron seis. Ya han pasado más de 70 años… ¿A qué cree que se debe tamaña cantidad de películas sobre el conflicto?

Todas las sociedades tienen un cadáver en el armario, una guerra civil encubierta. Nosotros la tuvimos a cielo abierto. Y fue más que eso. Los franceses aciertan al hablar de “la guerra de España” porque no fue solo civil, sino internacional. Y una sociedad construye sus relatos sobre aquello que le intriga y le fascina. La guerra civil es un ámbito todavía privilegiado de este tejido narrativo. Añadamos a ello las preguntas que las nuevas generaciones (la tercera sobre todo) se hace a propósito de aquella contienda fratricida: cuanto más lejana, más incomprensible; cuanto más incomprensible, más estimulante resulta saber; cuando más estimulante, más tiene el arte de la narración, unido al poder de las imágenes, que fantasear.

“Utilizar imágenes de archivo para connotar emoción y testigos para establecer hechos constituye una doble perversión”

El documental plantea, sin embargo, otra cuestión. Es un género en boga, en parte a causa de la televisión o las televisiones, en parte también por su ductilidad y variantes. Lo cierto inquietante del uso más frecuente es que estos utilicen las imágenes de archivo para connotar emoción y la voz de los testigos para establecer los hechos. Debería ser al contrario y esto constituye una doble perversión.

¿Ha espoleado la Ley de Memoria Histórica la producción de este tipo de cine?

Las ficciones recrean el mundo de antaño, un mundo que ya no es el nuestro. Toda coloración emotiva es posible: la nostalgia y el dolor, la reflexión y el análisis. Habrá siempre (así es el mundo audiovisual cuando está gobernado por las televisiones) un sustrato de banalidad y pereza donde probablemente se aspire a descubrir la represión franquista como si esta no hubiera sido conocida antes.

¿Qué diferencia la mirada de los realizadores nacionales sobre este conflicto de la de directores extranjeros, como Ken Loach y su Tierra y libertad?

Por su carácter internacional, la guerra civil fue fuente de producción internacional desde su comienzo: los fascistas italianos produjeron sus películas, como el Tercer Reich o la Soiuzkinokronica soviética; extranjera fue The Spanish Earth como lo fue, ésta solo en parte, L’espoir (Sierra de Teruel). La guerra de España involucró al mundo entero y el mundo entero habló de ella. Con posterioridad, su memoria ha llenado películas muy distintas: Mourir à Madrid, Tierra y libertad, El perro negro, El espejo… Ken Loach tiene la honestidad de observar la guerra civil desde la óptica que le brindan las memorias de George Orwell, pero Peter Forgacs, por ejemplo, introduce en El perro negro la visión de los films familiares de cineastas españoles para ofrecer una imagen inédita de lo íntimo en contexto histórico.

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